— ¿Les digo la verdad? Sin trago, pero manejando bajo la lluvia.
Dijo sujetando con ambas manos el volante. No hizo falta hablar pues esbozamos una sonrisa como señal de asentimiento, como si ese gesto fuese un eco silencioso que pudiera resonar en la conciencia del que no mira.
— Esta es la última vez que entrego mi corazón.
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