lunes, 17 de junio de 2019

Abono



— Hace días que no veo a mi viejo, Makita. Yo creo que anda en 'las tomas' —



Ojo a quién le confías tu ganado. Se sabe que en la pampa los asados son frecuentes.


Por su parte, don Naldo prefirió empacharse con chupilca y vino durante semanas, en vez de engordar a las vacas. Vomitaba hasta la disciplina. De todas maneras, el viejo era pillo, tanto que supo medir su vergüenza y calculó precisamente para que, ni la viga ni la cuerda, de las que pendería su cuerpo, cedieran al peso de su humanidad, que ahora equivalía en litros de alcohol y pan a toda la guita pal forraje.




— Mami... mi papá ta colgao en el galpón... —




Se acercaron caminando con el miedo inquieto. Habían viajado la mañana completa serpenteando la carretera Austral hasta la recta Rebolledo, para visitar el redil ahora exento del descuido del finao.

Tieso yacía, en una pampa ausente de brisa de verano, a pesar del sol de medio día que quemaba el cuello cual fogón con acordeón.


De la nada, todo frío. El olor a muerte enmudeció. Un cuero de cordero colgado en un rincón les dio cobijo durante el velorio.







Dicen que las vacas pastaron hasta el empacho, de la pradera que floreció aquel día. El mejor abono para la finca fue su propia muerte.

Mentiroso sincero



— ¿Les digo la verdad? Sin trago, pero manejando bajo la lluvia.

Dijo sujetando con ambas manos el volante. No hizo falta hablar pues esbozamos una sonrisa como señal de asentimiento, como si ese gesto fuese un eco silencioso que pudiera resonar en la conciencia del que no mira.


— Esta es la última vez que entrego mi corazón.